viernes, 16 de abril de 2010

VOY RECORDANDO MOMENTOS MAGICOS

Fue una tarde maravillosa, cómo reímos, como jugamos, como corrimos a la orilla del cerro y del río. Compartimos bastante, aunque igualmente peleamos, pero aun así estuvo bueno.
Todos nos fuimos a cambiar de ropa ya que nos habíamos mojado completamente y ya se estaba haciendo un poco tarde. Llegué de las primeras a la cabaña y salí por la puerta trasera a tender mi ropa. Quien iba a pensar que esa coincidencia dejaría en mi una huella imborrable.
Ahí estaba él con su guitarra y un cigarro… de un principio no me había percatado de este acontecimiento y él tampoco pues se encontraba escuchando música en su mp4.
El se dio cuenta primero que yo y se puso a tocar mi canción preferida de mi grupo preferido. Me senté a su lado y me quedé a escuchar. El cielo estaba rojizo y un par de nubes blancas rondaban por ahí. Los cerros y el prado verdes, y una suave brisa recorrían nuestros cuerpos. No me di cuenta de lo que estaba pasando y al parecer tú tampoco. Poco a poco nos fuimos acercando cada vez más y más. Tus canciones se convirtieron en mis canciones y juntos las hicimos una sola para los dos. Tu voz baja y mi voz alta. Yo temblaba y tu traspirabas. Mi voz acompañaba tu guitarra mientras tu cigarro poco a poco se iba a pagando.
Reaccioné cuando ya era de noche y nuestros cuerpos ya se habían enfriado. Solo recuerdo haberte visto bajo mis brazos. Me sorprendió escuchar el silencio de aquella noche, la que no terminó si no, hasta que el sol volvió a dar sus nuevos destellos de luz.
Mirabas cautelosamente mi cuerpo bailar sobre el tuyo y yo solamente me reía, mis suspiros y tus quejidos, el recorrido que hicieron tus manos por mi cuerpo, la sensación de placer dentro de ti… y ese amor que estúpidamente habíamos reprimido tanto tiempo ya no se pudo esconder más.
Al día siguiente debimos marcharnos del lugar junto con nuestros demás compañeros. Nunca nadie supo y hoy a casi un año recordé lo que había pasado en un simple paseo.
Siempre nos vemos, todos los días y disimuladamente nos miramos y hablamos en nuestro lenguaje secreto y el cual nunca inventamos juntos, solo brotó naturalmente de nuestra boca.
Una historia que tal vez no debió de suceder, pero que hasta el día de hoy no me arrepiento de haber vivido.
Será nuestro secreto y nuestro pecado… el amarnos sin consultarlo.



Fobia